Hola a todos:
Somos los niños de la urbanización Bernardo Átxaga 2, de Rivas Vaciamadrid, o como a nuestros padres les gusta decir, los habitantes del chalet 17.


Nuestra casita, el chalet 17 es una bonita construcción con paredes blancas y techo azul en la que nos gusta reunirnos por las tardes después del cole. Ya se nos ha quedado un poco pequeña porque somos muchos y cada vez vienen más nuevos, pero cuando nos sentimos con ganas de hablar, siempre está allí para acogernos.


Desde que llegamos aquí hace casi cuatro años hemos sido muy felices ya que encontramos muchísimos amigos, un espacio muy bonito para estar, una casa grande para vivir y una hermosa ciudad para pasear… así fue siempre… o mejor dicho, así fue hasta el año pasado…
Durante mucho tiempo estuvimos viendo a mucha gente por la montaña, los conejos y las liebres desaparecieron y solo había camiones muy grandes.


Un día, cuando ya estábamos terminando el cole y preparándonos para las vacaciones, apareció en el descampado de al lado, junto al nuevo colegio, una laguna preciosa… a nosotros nos gustó mucho ya que pensamos que a lo mejor habría peces y animalitos y podríamos jugar, pero a nuestros padres les cambió la cara y el humor. Les vimos preocupados, haciendo llamadas con el móvil a unos y a otros, vimos coches de bomberos ¡¡qué chulo, los bomberos en casa, cómo molaban sus grandes camiones!!... ¿Cómo podía ser que a nuestros papás no les gustara?... estos mayores…
A partir de entonces, la laguna fue desapareciendo por el calor del verano, pero a nuestros papás no les desaparecía la preocupación. Siempre que se sentaban por las tardes, hablaban de lo mismo y en tono muy serio.


Pasó el verano, empezó el cole y a los pocos días volvieron las lluvias de otoño, como nuestra seño siempre explica… Un día, muy temprano, suena el timbre de casa y oigo gritos. Oigo a mis papás que se levantan ¿qué pasará?... yo me quedo en la cama con un poco de miedo, pero al rato saco valor y me asomo a la ventana de mi habitación. Veo a todos los papás con el agua hasta las rodillas y cada patio parece una pisci… Están echando cubos de agua fuera… no están pasándolo bien… están muy serios y preocupados. Ese día, otra vez las llamadas, las caras serias pero no vienen bomberos ni nadie a vernos. ¿Se habrían olvidado de nosotros aquellos que nos cuidan?. Nosotros no entendíamos lo que había pasado, pero mucho menos lo que estaba a punto de pasar…


Un sábado por la noche que nos dijeron en el cole que era la noche antes del día de la fiesta nacional, volvió a sonar el timbre de noche. Esta vez era mucho más tarde y yo estaba despierto porque se oían truenos. Mis padres bajaron gritando. Seguro que estaba pasando algo grave. Yo esta vez no tuve valor para salir de la cama. Me tapé hasta arriba y cerré los ojos pensando que así seguro que se solucionaba todo… Al rato y después de oir gritos, estruendos que parecía que las casas se derrumbaban, sonidos de sirenas y muchas cosas muy feas que prefiero no recordar, aparecieron mis padres en mi habitación. A los mayores nos dijeron que nos vistiéramos solitos que había que salir ¿tan tarde y con lo que llovía?. A los peques los llevaban en brazos. Nos metieron en un coche y nos llevaron a un hotel.


Esa semana fue muy chuli para nosotros. Era como unas vacaciones pero con todos mis amigos en el hotel. Íbamos al cole y por la noche nos veíamos todos. ¿Por qué nuestros padres no estaban contentos, con lo guay que era todo?. Sólo hacían hablar en grupos, llorar, reir, estaban nerviosos, iban y venían… Pero cuando les preguntábamos ¿qué pasaba en nuestra casa?, no nos respondían .
A la semana volvimos a casa y desde entonces ya nada es igual. Algunos de nosotros lo perdimos todo, otros una gran parte: nuestros juguetes, nuestros libros del cole, nuestros recuerdos de cuando éramos peques. No queríamos llorar ya que nuestros padres no estaban bien. Desde entonces, los días de lluvia oigo ruidos por la noche, abrir y cerrar de persianas, subir y bajar escaleras de madrugada, oigo gente en el garaje hablando ¿volveremos a tener que ir al hotel otra vez?... Mis padres hablan de médicos, de pastillas, de algo muy raro que se llama “estrés no se qué”, y su humor no es el mismo. Sólo están un poco normales cuando hace buen tiempo. A mí ya no me gusta la lluvia. Odio la lluvia. Ojalá no existiera…


Nuestros papás dicen que quieren justicia. Como nosotros no sabemos lo que es la justicia, lo que queremos es que todo vuelva a ser como antes.

Firmado: Los habitantes del chalet 17.

<<Este texto ha sido escrito por los niños de Bernardo Atxaga>>